*Extracto de algo que podría ser más grande*
"Vale, ¿Dónde decías que estaba el pobre diablo?" pregunté a Ana por radio, ciertamente nos estábamos haciendo un favor el uno al otro: Ella avanza en sus sabotajes y yo me quitaba de en medio a Joaquín Alberti, el ejemplo de comisario corrupto que colocar en los libros, y el hombre que dirigió el asalto de mi casa hace ya 5 años, exactamente 5 años ese día, pero me han ocurrido tantas cosas que parece que sea un fantasma el que intente vengarse de él, y en cierto modo así era.
Cinco años, voy a darle un gran regalo de cumpleaños, su último regalo.
-Pues el amigo se encuentra a 6 calles de donde estás, en el almacén abandonado, cuanto más te acerques más guardias encontrarás, es fácil. ¿Algo más?
-Sí, deja el micro lejos, no tengo ganas de que te pongas a hablar con alguien y se enteren todos de que estoy aquí.
-Eres un capullo megalómano, ¿lo sabías?- Me espetó, la verdad es que me gusta fastidiarla.
-Ya, pero soy útil- Le contesté. Acto seguido me coloqué la capucha y la bufanda y me tomé mi tiempo para observar la zona desde un edificio alto, es lo primero que hay que hacer siempre, es lo que yo hago, y es por eso por lo que temen al Cuervo. Porque te ve sin que tú puedas verlo, porque no puedes escapar.
Por lo que veía había un par de guardias cada 40 metros montando guardias en las cuatro calles paralelas que había hasta el almacén, así como en las 2 que estaban perpendiculares, esto iba a ser más difícil de lo que pensaba, y también más gordo para Ana. Me alegro, necesitaba un golpe importante para demostrar que La Red seguía tocando las pelotas.
Lo bueno es que tenía los tejados y mi gancho de Operaciones Especiales recién robado, así que no me costaría mucho sortearlos, pero estaba el almacén en sí, rodeado por todas partes y con 6 guardias armados en el techo, pero ningún imbécil uniformado me iba a privar de mi venganza esa noche.
Por suerte el disruptor que levaba generaría un impulso electromagnético lo bastante potente para que no pudiesen dispararme, y ahí estaba mi ventaja: Sé pegar mucho mejor que ellos, que no salen de sota, caballo y rey.
Salté desde tres metros más arriba y lancé un par de cuchillos a la cabeza de dos de ellos, quedaban cuatro. Me levanté y me quedé ahí en medio, observando su reacción.
-Pero mira quién es, ¿Has venido a por la chica?
-¿Sólo hay una? ¿Joaquín ha perdido facultades? Pregunté, la verdad es que tenía un gran fama de "Casanova", que decía él para no decir que forzaba a toda prisionera guapa que caía en sus zarpas.
-Anda, si también te crees muy gracioso, otra razón para darte una buena paliza, a ver si se te quita la tontería.
-Siempre estáis igual, en fin, si os veis capaces...
Uno de ellos se me acercó e intentó darme con su porra, valiente idiota, se la quité y le di un cabezazo que te tiró al suelo, luego le agarré la mano al qué tenía detrás de mí y giré sobre mí mismo, rompiéndosela, y le di un rodillazo en la cara para que se diese cuenta de que sí le había visto.
El tercero me agarró e intentó tirarme al vacío, pero fui más rápido y usé su propia fuerza para tirarle a él. No sé muy bien qué fue de él, pero una caída de 12 metros hasta la calle no puede ser buena para la salud.
El cuarto se me acercó decidido, se le veía el odio en su mirada, pobrecillo, casi me da pena, programado para odiar a todo lo que le digan, no lo digo por mí, yo les he dado motivos de sobra, pero verlos hacer auténticas atrocidades a gente que podrían ser sus vecinos me hace ver lo que hace esta sociedad a la gente.
Eso sí, toda decisión se le cortó de golpe cuando le paré a base de porrazos y le dejé tirado en el suelo con su cabeza soltando sangre a borbotones, convulsionando y luchando por respirar. Lo siento, chaval, escogiste el trabajo equivocado.
El primero se levantó, y en vista de que no podría conmigo optó por salir corriendo, se olvidaba de mi gancho, que lancé contra su nuca y le atravesó en cuestión de décimas de segundo., el tío ni siquiera supo qué le había matado.
Era hora de enfrentarme a Joaquín y hacerle pagar, tenía dinero de sobra, pero no lo bastante para comprar mi perdón.
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-Idiota, te dije que no la dejaras inconsciente- Dijo un hombre vestido de traje delante de mí, la verdad es que no fue porque no lo intentaran, me han privado de sueño, me han golpeado, me han tenido de pie durante horas, hasta me han clavado brocas de taladro, pero no se lo diré, no, no puedo, mi padre me lo confió, no puedo decirles dónde está sin más, sería fallarle, a él y a todo lo que creía, a todo lo que yo creo. Pero aún estaba despierta, al menos así me dejarían tranquila un rato.
-¿Qué más da? Así, cuando se despierte puede hacer lo suyo.
-Sí, la verdad es que es bastante guapa: Tan pálida, ese pelo negro, ese cuerpo... madre mía, les tendía a todos locos en el instituto ¿Eh?
-Según parece no, por lo que he oído era bastante reservada, siempre en un sitio apartado, siempre con los cascos puestos, incluso leyendo libros prohibidos, se la ha visto ayudando a mendigos, cuestionando nuestro papel en la seguridad... ya ha visitado el correccional un par de veces.
-Ay, qué lástima, son nuestros enemigos los que echan a perder a nuestra gente, mírala, podría llegar a donde quisiese, y decide irse a hacer lo que no debería. Hacedme caso chicos: El pensamiento crítico es peligroso si no es en pequeñas cantidades, pone en peligro la estabilidad de todo lo que hemos conseguido, antes había guerras, terrorismo, gente que creía que podría pasar por encima de nosotros, porque habían oído la versión equivocada, creedme cuando os digo que somos lo único que se antepone entre la civilización y el caos.
-Lo sé señor, en fin, le dejaremos solo en cuanto se despierte, necesitamos averiguar lo que sabe sobre esos documentos, si se filtraran..
-No lo hará, ¿Me oyes? No lo permitiremos, no dejaremos que...
De pronto uno de los guardias salió despedido hacia arriba mientras otro bajaba por el otro extremo de un alambre, iba de negro de pies a cabeza y tenía la cara tapada y capucha, era El Cuervo, todo el mundo había oído hablar de él, el justiciero que se enfrentaba a la policía nadie sabía bien por qué, ¿Y había venido a por mí?
Los disparos de después a los otros dos guardias y el tiro al hombre del traje en la pierna me hicieron pensar que no, de momento me estaba dando más miedo que lo que fueran a hacerme las personas a las que acababa de matar.
-Hombre, Joaco, cuanto tiempo- Dijo El Cuervo, para acto seguido pisarle la herida.
-¡Ah, Dios!
-Sí, tú llámalo, seguro que viene, también tendría que hablar con él- Tras decir eso El Cuervo se puso a registrarle por completo y encontró un tatuaje con una cruz y el escudo de España tatuado en su muñeca derecha. -Anda, pero si eres del Ejército de Cristo, pues a lo mejor sí que viene.
La verdad, hoy esperaba matar dos pájaros de un tiro contigo, un comisario con delirios de grandeza y un violador en serie, pero ya ves, van a ser tres pájaros.
-Ya verás qué divertido te parece cuando acabe contigo, con toda tu familia, nosotros limpiamos la basura que Dios no tiene que dignarse a limpiar.
-Oh, qué monos, se creen que Dios necesita gente que le hagan el trabajo sucio. Dime, ¿has crucificado a alguien alguna vez? ¿Sabes cómo se hace? -Y se remangó la manga derecha revelando la marca de un clavo bastante gordo- Porque yo sí. Unos cabrones autómatas me clavaron a una plancha metálica hace 7 años y me dejaron allí desangrándome, pasaron 40 minutos hasta que alguien a quien ahora tengo en muy alta estima decidió ayudarme. Verás, cuando te mate, tendrás que pasar por San Pedro para ir al cielo, pero antes tendrás que pasar por mí.
Y a continuación le agarró de los pelos y le llevó a la pared del almacén, cogió un clavo y ayudándose de un martillo le clavó la mano izquierda.
-HOSTIA PUTA- Gritó Joaquín, se calló cuando El Cuervo le soltó un bofetón, "No blasfemes hombre, que así nunca irás al cielo." le soltó en un tono extrañamente cómico que aún hoy hace que me ría.
Cuando acabó Joaquín estaba agonizando de dolor, llorando, realmente era horrible ver eso.
-¿P-por qué, por qué haces esto?
-¿QUE POR QUÉ?- Le gritó colérico El Cuervo. -Porque la gente como tú mató a mi madre, casi acaban con mi hermana, convirtieron a mi padre en un pelele e hicieron que mi propio hermano me traicionase, porque la gente como tú se cree que puede hacer lo que quiera con los que están por debajo de ellos, porque creéis que las personas son mercancía de la que disponer a vuestro antojo, pero se os olvida algo: las personas pueden sentir, pueden pensar, y pueden vengarse.
-Tú, eres tú.
-Por fin. A lo mejor encuentras lo que buscas, pero espero que te consumas en la nada más absoluta- El Cuervo terminó su discurso y le clavó su gancho en la cabeza. Tuvo más misericordia de la que Joaquín pudiese tener.
-Ahora tú- Me dijo -No sé quién eres ni lo que has hecho, creía que esto sólo lo harían por mí, vaya envidia. Supongo que sea lo que sea es gordo, así que te vendrás conmigo.
Y cuando me desató, cuando supe que estaba a salvo, me desmayé, porque ya no tenía por qué seguir siendo fuerte.
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