domingo, 16 de octubre de 2016

Surrealismo Épico. Un manifiesto.

Damas y caballeros, tengo la desgracia de presentarles la última locura salida de la jokeriana mente de los poetas de vanguardia: El Surrealismo Épico.

¿Sabéis ese niño que el día de la comunión de su hermanita, con sus pantalones de pana y sus mocasines en un día lluvioso... y ve un charco? ¿Las maravillosas gotas de lluvia generando ondas sobre su reflejo? ¿Y esas irrefrenables ganas de perturbar ese reflejo perfecto y entrar a la iglesia con los pantalones embarrados?
Bueno, pues somos ese niño. Con todo por soñar. Por crear y destruir.

Tenemos que ser ese niño porque vivimos años raros. En éste, sin ir más lejos, EEUU se debate entre dos psicópatas, David Bowie se perdió por el espacio y resulta que para condenar la corrupción hay que dejar que gobierne un partido corrupto. Es un mundo en el que Batman tiene que perseguir a más payasos que al suyo y en el que me quieren vender que no quiero vacaciones, ni coche, ni un trabajo fijo. Oye, pues gracias por hablar por mí.

Estamos tan adelantados en el hilo del tiempo que la Vanguardia está anticuada. Normal que nos llamen La Generación Perdida, pero yo sé exactamente dónde estoy. Estoy en un bar rodeado de grandes poetas que intentan ahogar en tinta el blanco de la vida. Me llamo Daniel Fernández, tengo 20 años, y que a nadie se le ocurra decirme que no sé adónde voy, porque lo que no sé es adónde me llevan.

Pero aún así a la gente lo que más le gusta son los poetas que sólo saben cantarle al jazz, al alcohol y a las mujeres. Como si fuesen los bohemios de Rayuela. Sólo que esto no es París en los 50, es la España de la posguerra de clases que hemos perdido. En el país de los ciegos el tuerto es el rey. Y el rey dice que los que ven con los dos ojos son un peligro.

Además, entre todos han conseguido que el posmodernismo sea una moda. Han conseguido la ironía definitiva: Que hacer verso rimado sea una locura.

Pues A LA MIERDA. Toca una doble guitarra con lanzallamas y quema la a minúscula y la Z mayúscula.
Ponte el gorro de La Verdad, sé el azote de poetas y críticos. Y si alguien osa llevarte la contraria, entiérrale bajo un montón de pipas.

Dile a los vanguardistas que ahora las obras de arte duran una semana antes de quemarse en el oscuro abismo de internet, dile a Maiakovsky si tiene lo que hay que tener. En esta vida nuestra que va a Mach 4 la única forma de hacer arte es ser un kamikaze de lo efímero, y así al lo mejor saldrá arte de la caja negra.

Y vosotris diréis: ¿Y entonces qué hacemos? Pues yo que sé. ¿Pero esto no era un manifiesto? A saber. Si a alguien le sirve... yo no me creo nada. En este mundo ya nada tiene sentido y resulta que los rebeldes sirios eran yihadistas todo este tiempo. Haced lo que buenamente podáis.

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