Ese día se levantó como otro cualquiera:. Se hizo el desayuno, se duchó y se vistió con el mismo traje, camisa, corbata y zapatos que llevarían otros millones de tristes asalariados como él ese día.
El problema empezó al coger el coche para ir a trabajar a su trabajo de 9 a 5 para pagar las facturas que suele tener la gente normal, la gente como él.
De repente sentía algo extraño, algo que le empujaba a no ir, a dejar de hacer las cosas, a dejar de pagar, a dejar de tragar, a dejarlo todo.
"Pero, ¿por qué?", pensó. Sólo era una sensación, de esas que están ahí una fracción de segundo y luego se van. Pero esta se quedó, y le hizo sentarse en el coche y quedarse ahí, absorto y con un extraño sentimiento de vacío.
Se puso a pensar en qué podía haberla causado. "Será el cansancio", se dijo. " Quizá es que he desayunado muy deprisa o que las noticias, que son cada vez peores, me dan el bajón". Pero en el fondo sabía, SABÍA, que nada de eso era cierto.
Y entonces empezó a verlo claro:
Ahí estaba, ese presentimiento de que su vida estaba vacía, de que siempre hacía lo mismo, para pagar las mismas cosas y luego necesitar más dinero para pagarlas otra vez y vuelta a empezar. Esa sensación de que compraba por inercia, comía por inercia, hablaba y hasta pensaba por inercia. Esa sensación de que el banco no le había vendido una cuenta a plazo fijo, de que su jefe en realidad no le iba a dar ese aumento de sueldo.
Esa sensación de que su jefe le engañaba, su banco le engañaba, sus amigos le engañaban, los políticos y las noticias le engañaban y, por último, su familia también le engañaba.
Fue como ver una luz, como cuando ves el exterior después de ver un largo túnel. Estaba ahí, lo había sabido desde el principio. ¿Cómo pudo ser tan tonto? Al fin había descubierto esa verdad, esa que todos tenemos en la cabeza, esa verdad tan obvia que no la ve nadie.
Ni siquiera él.
Porque a pasar de todo, le dio igual. Seguía teniendo que comer, ¿no? Desechó la idea, cogió el coche y se fue a trabajar. Como esos millones de asalariados como él. Como siempre.
Y al final le engañó la única persona que quedaba por hacerlo: él mismo.
Y nunca más volvió a ser humano
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