Antes de empezar a contaros mis historias debéis entender que no os diga mi nombre. Primero, es irrelevante. Segundo, estoy en busca y captura en Dios sabe cuántos países.
Ahora ya puedo empezar, yo era asesino a sueldo, de esos que matan por dinero, tienen una maleta en un banco llena de pasaportes y efectivo y que puede matarte de 20 maneras diferentes... como mínimo.
La primera historia que quería contaros ocurrió en una discoteca de Washington DC, la agencia para la que trabajaba me había mandado para, supuestamente, matar a un jefe mafioso. Entré y empecé a examinar el sitio con la mirada. Había 3 salidas y unos 20 tipos armados. El sitio donde estaba mi objetivo, una sala privada sobre la cabina del DJ, estaba bien custodiada, así que tenía que hacerlo a las bravas. Ya me imaginaba la portada de los periódicos del día siguiente. "Tiroteo en plena sesión en una importante discoteca de la capital de EEUU, se ha emitido una órden de búsqueda y bla bla bla... Pero como soy cumplidor y pagaban bien, yo a lo que me mandaban.
Me deshice de los dos guardias de la puerta con dos cuchillos que llevaba escondidos. Para los de dentro usé dos pistolas. Dejé un charco de sangre que abarcaba toda la habitación, joder, era tan bonito...
El supuesto mafioso, cuando quiso darse cuenta, ya estaba pintando la pared con su sangre, después le registré un poco y encontré a bomba: En realidad era el embajador ruso en EEUU.
Ya era tarde para arreglarlo, había estallado el pánico en la discoteca y el resto de guardaespaldas estaban dirigiéndose a la sala. Cogí al embajador, disparé al cristal y me lancé contra él. Mientras caía todo iba a cámara lenta, como en las películas, disparando a todo lo que se moviera, con las balas silbando alrededor de mi cabeza. Aún hoy es uno de los mejores recuerdos que tengo.
Así me cargué a unos 5 tipos. De los demás me encargué con los puños, inconscientes ellos de mi habilidad ni se dignaron a dispararme.
Al acabar con todos me fijé en una persona que estaba saliendo, que resultó ser un compañero mío. Le disparé en un pie, ropezando y cayendo de bruces sobre el suelo de un callejón.
-¿Disfrutando del espectáculo, hijo de puta? ¿POR QUÉ DEMONIOS ME HAN MENTIDO?
-Has hecho un trabajo de puta madre, pero tienes un gran problema: ese, precisamente. Un montón de gente quiere tu cabeza, y ahora, con esto, te has ganado el odio de mucha más. Te van a rifar, van a hacer una subasta por cada uno de tus huesos, a ver qué parte del pastel se llevan, y nosotros te entregaremos en bandeja, nos haremos aún más ricos.
-Eso lo veremos.
Acto seguido le disparé en ambas piernas y luego en el estómago. El tío se retorcía en el suelo, sobre su propia sangre, y yo lo estaba viendo como no fuera conmigo, como si estuviera en el cine, comiéndome unas palomitas y descojonándome de ese mamón.
Le dejé desangrándose, no sin antes robarle todo lo que tenía, y me fui de allí. Me esperaban unas semanas bastante moviditas.
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